Blog

Astrología, Sin categoría

Plenilunio del mes de septiembre.

La Luna llena de este mes vuelve a reencontrarnos con el eje comprendido por las energías de Virgo y Piscis. En este caso (y a diferencia de la luna llena del mes de marzo), el Sol en tránsito por el signo de Virgo ilumina ese espacio de nuestro cielo -tanto a nivel personal (en una determinada casa y en aspecto o no a algún planeta del mapa natal) como a nivel colectivo- y nos recuerda que en este momento del año el foco de nuestra conciencia debe apuntar hacia él. Por su parte, la Luna llena refleja aquella luz que sin quererlo se filtra hacia las profundidades de nuestra psique, hacia el inconsciente, para revelarnos que, no importa cuánto Virgo seamos capaces de incorporar en nuestras vidas, nunca lo comprenderemos en profundidad si no miramos hacia la vereda de enfrente, es decir,  hacia su signo opuesto: Piscis.

Como mencioné anteriormente, en el artículo escrito para el mes de marzo, la palabra clave, y fundamental, para describir a Virgo es orden. Virgo es energía de orden, pero es energía que presiente el orden, no lo ve. Se siente parte de un organismo, de un ser mayor que lo trasciende y, al mismo tiempo, lo incluye. Como una pequeña célula que yace dentro de un cuerpo, su existencia está determinada por la función que ejerce dentro de él. Es por ello que, en general, son personas muy humildes, serviciales y funcionales a propósitos que exceden las expectativas personales. Este orden invisible que tratan, a como dé lugar, de plasmar en una realidad tangible, los hace, además, personas muy ordenadas. Pero no ordenadas en el sentido estético sino en un sentido más bien funcional; cada cosa en su lugar, porque es allí donde mejor ejercen su tarea. Todos los órdenes y organismos están asociados a esta energía, por ello nos conecta además con cuidado del cuerpo y de la higiene personal. El cuidado de la salud es vital, porque si su cuerpo está en orden, entonces su cabeza también lo estará y podrán responder mejor a las exigencias de su tarea (sea ésta cual fuera: ser madre, padre, profesional, empleadx, hermane, alumne, hije, etc.). Cuidar desde lo más chiquito a lo más grande, y a cada una de las partes por igual, para que aquel sistema en el que se ven inmersos funcione… La obsesión por el detalle, paradójicamente, es lo que más acaba por perturbarlos ya que a la larga pierden por completo la perspectiva del todo.

Volviendo un poco, como para no perderme en el análisis psicológico de los nacidos bajo este signo, está claro que el hecho de que el Sol se encuentre en esta franja del zodíaco no dice que debemos poner en orden aquellas cosas que no están siendo funcionales a nuestra vida. Puede recordarnos, también, acerca de la necesidad de prestarle atención a nuestro cuerpo y a nuestra salud, tratando de incorporar hábitos más saludables, en caso que resulte necesario. Aceptar y aceptarnos a cada une de igual manera, entendiendo que todes formamos parte de un mismo sistema y ninguna de las partes es más importante que otra.

Piscis, el signo que se verá iluminado por nuestro costado femenino, nuestro inconsciente, nuestras emociones, nuestro cuerpo y, en analogía con todo lo anterior, nuestra casa, propone una experiencia completamente diferente de aquella Totalidad, de aquel orden. La experiencia de lo acuoso, lo disolutivo, de lo inmensamente resonante, sin posibilidad alguna de registro de límite o frontera entre el sujeto y aquellx con lx que resuena. Sensibilidad pura y conexión pura. Desde Virgo, Piscis no puede ser leído sino como caos, desorden, confusión. Sin embargo, energéticamente representa la sensibilidad necesaria para darle sentido a esa experiencia -sensación- de vastedad. Virgo es el registro mental de Totalidad; Piscis es la experiencia mística que comprueba la existencia de aquello que Virgo intuyó.

¿Podrían imaginarse una virgen prestando su vida al servicio de la humanidad sin sentir/resonar con esa vastedad a la que se entrega? Resulta casi imposible. Del mismo modo,  Imaginen qué pasaría con un Virgo sin la capacidad de resonar profunda y emocionalmente con aquello que su mente percibe. ¿Piensan, ustedes, que podría entregarse y servir humildemente a su comunidad? No. La única respuesta psicológica posible ante la falta de sensibilidad vinculada a Piscis, es el escepticismo, la negación de toda realidad que no sea sensible al registro de nuestros sentidos, y una persona incapaz de comprenderse a sí misma. El agua pisciana nutre la tierra de Virgo, que sin ella sería completamente estéril.

La meditación de este mes nos lleva a reflexionar acerca  del para qué y el por qué de nuestra existencia. A preguntarnos con humildad, desde el pequeño lugar que ocupamos cada une de nosotres, ¿cuál es nuestra función? ¿A qué nos entregamos cada vez que actuamos, operamos y modificamos -aunque sea de manera ínfima e íntima- el mundo que nos rodea? La inmensa sensibilidad que atraviesa los psiquismo humanes en estos día de Luna llena, es necesaria para poder contestarnos todas estas preguntas y para nutrir y dar sentido a nuestra pequeña, e inmensa al mismo tiempo, labor en esta vida.

Anuncios
Astrología, Sin categoría

Luna llena del mes de agosto, con eclipse parcial de Luna.

Este mes trabajaremos con el eje Leo – Acuario, el último de los seis ejes de la rueda zodiacal que nos queda por investigar. A partir de la próxima luna llena volveremos a recorrer cada uno de estos ejes pero en el sentido inverso, esto es que la energía que antes era iluminada por el Sol ahora se verá afectada por la Luna, y viceversa.

Para lxs que recién comienzan a leer esta serie de artículos que ofrezco en el blog, la meditación que propongo sobre la luna llena de cada mes implica entrenar una mirada diferente a la que estamos  acostumbradxs. Con esto me refiero a dejar de ver “linealmente” para comenzar a ver de manera “circular”. ¿Qué quiero decir con todo esto? Que cuando nosotrxs decimos, por ejemplo en este caso, “Leo” no es simplemente “Leo” y nada más (como le gustaría pensar a muchxs nacidxs bajo este signo, jeje) sino que cuando digo “Leo” estoy diciendo que “Leo proviene de Cáncer, va inmediatamente hacia Virgo y se encuentra opuesto a Acuario”. La Astrología, y en general todos los sistemas de Lenguajes Sagrados, a diferencia del lenguaje que utilizamos para comunicarnos cotidianamente (exceptuando, claro, las conversaciones entre astrólogxs, que suelen resultar terriblemente irritantes para quienes no manejan este código) es un lenguaje donde los elementos simbólicos que utiliza mantienen relaciones intrínsecas entre sí. El hecho de que el zodíaco tenga una forma circular ya nos anuncia la necesidad de mirar de otra manera. En una rueda ninguno de los puntos que la componen es independiente del resto y esto, claro, se aplica a cada uno de los doce signos. Siguiendo esta lógica, en cuanto decimos Aries, inmediatamente luego, decimos Tauro y Libra. Y si decimos Tauro y Libra decimos, también, Géminis y Escorpio, y así sucesivamente.

El fenómeno celeste de la luna llena es especial, justamente, para comenzar a entrenar esta mirada porque se produce cuando el Sol y la Luna se encuentran en signos opuestos. Como dije antes, no estamos acostumbradxs a observar los sucesos en términos de “vínculo”, sino que tendemos a ver cada cosa de manera separada. Pero si queremos aplicar esa mirada separativa a la astrología posiblemente nunca la entendamos. Los signos que se encuentran opuestos en el zodíaco no son porque “les tocó así y listo”, sino porque responden a una naturaleza vibratoria común; son extremos polares de un mismo espectro. Cada uno de estos seis  “espectros” zodiacales posee una temática en particular y, por eso, a lo largo de los artículos fuimos bautizando a cada uno de ellos. Los dos signos que lo conforman son los extremos complementarios de dicha temática (por ejemplo, cuando vimos el eje Tauro-Escorpio, el “eje de los procesos vitales”, vimos que Tauro respondía al polo de lo que denominamos “vida” y Escorpio al polo de lo que denominamos “muerte”). En el caso de la Luna llena, el Sol ilumina uno de los extremos y la Luna el otro. Es decir que, aunque el Sol enfatice la energía del signo por el que se encuentra transitando, cada mes el cielo nos ofrece la posibilidad de tomar conciencia sobre la realidad de que un signo no puede ser completo, ni absolutamente comprendido, sin hacer contacto con su opuesto.

Ahora sí, luego de esta breve introducción, pasemos a la correspondiente meditación de la Luna llena del mes de agosto…

El signo por el cual el Sol se encuentra transitando en este momento es el signo de Leo. Leo ocupa el quinto lugar en la rueda del zodíaco y es un signo de fuego. El mes pasado cuando trabajamos sobre el eje Cáncer-Capricornio, vimos que Cáncer hacía referencia a la necesidad de cerrar, de “crear una forma que excluya cierta cantidad de información, para proteger y permitir el desarrollo de una forma nueva en su interior”. Pues bien, esto que se gesta en Cáncer nace en Leo como autoconciencia, como la expresión creativa de la propia individualidad. Lo que otorga identidad en Leo ya no es la pertenencia, es decir, pertenecer a cierta familia (apellido, linaje, raza, etc.) o a cierta institución, o ser de uno u otro equipo de fútbol (como sucedía en Cáncer), sino que aquí la sensación de identidad es dada por lo que el individuo cree ser desde la construcción de un Yo/ego. Ya no soy por lo que comparto con lxs demás, sino que soy aquella singularidad que busca ser reconocida como tal en lo externo. Ahora bien, desde ese Yo es que el individuo organiza su vida y, por eso, las imágenes arquetípicas más tradicionales que encontramos vinculadas a esta energía son las del Sol, rey y corazón. Todos ellos son elementos que unifican a otros, centralizando en su figura al resto y, por esta razón, también se le confieren al signo las cualidades de “centro”, “liderazgo”, etc. Psicológicamente sabemos que esto se traduce muchas veces como egocentrismo, soberbia, exacerbación del yo y demás. Sin embargo, a pesar de que muchxs nacidxs bajo este signo no lo registren o reconozcan (no estoy hablando de todxs, por supuesto) Leo necesita constantemente la reafirmación de su identidad en el entorno. Es decir, Leo busca resonar desde su creatividad en los demás, de corazón a corazón, y que a su vez lxs otrxs le confirmen aquello que él siente que es. De allí que la autoexpresión y todo lo vinculado a ello sea tan importante y característico en lxs nacidxs bajo este signo. No sólo el liderazgo, sino la expresión artística en general, y el trabajo escénico en particular.

El signo opuesto a Leo, y el que en este caso va a estar influido por la Luna, es Acuario. Si pensamos la energía de Acuario como la cualidad compensatoria de Leo, entonces podemos decir que si Leo es el centro, Acuario es lo excéntrico, que si Leo es organización, Acuario es lo espontáneo y sin proceso, y que si Leo es la expresión creativa del yo, Acuario es la expresión creativa del grupo o la red. Acuario es un signo de aire y, por lo tanto, de cualidad mental y vincular. Es el individuo que se define en el encuentro creativo con lxs otrxs y, en ese sentido, su función no es la de centralizar, sino todo lo contrario: Acuario es movimiento libre e imprevisto, y en ese movimiento libre e imprevisto es que se va redefiniendo constantemente, y en cada encuentro. Las imágenes arquetípicas para esta energía son “el/la locx” o “el/la  genix locx”, “el/la rarx”, “el/la revolucionarix”, lo marginal, etc. Psicológicamente no es un signo sencillo de experimentar. Pensemos que en este caso la identidad del individuo está definida por el grupo, pero como Acuario es lo libre, cada vez que es definido por el grupo, se va para no quedar “atrapado” en la definición. Además pensemos ¿Cómo reaccionamos ante lo que no puede ser definido nunca, lo que cambia continuamente, lo eternamente libre y creativo? Desde nuestra mentalidad que busca encasillar absolutamente todo, sólo podemos reaccionar de manera de querer encerrar, excluir o controlar aquella energía (y esto se aplica también a las personas de acuario que, a pesar de estar fuertemente influenciadas por esa energía, no dejan de pertenecer y de ser parte de ese psiquismo colectivo que la interpreta).

En ambos casos, tanto en Leo como en Acuario, algo clave que se pone en movimiento es el tema de cómo se juega la propia creatividad, la singularidad del individuo, y el peligro de quedar atrapades en la estereotipación. En el caso de Leo no lo mencioné porque, como siempre, lo primero que busco es hacer un recorrido bien sintético por las energías en juego. Sin embargo,  también allí se produce, aunque más lentamente, la sensación de quedar presos en la imagen que me confirma el entorno. Como el individuo de Leo depende mucho de ella, entonces una vez que quedó encasillado en un determinado estereotipo no puede jugar otro. En el caso de Acuario, el individuo no soporta que le digan quién es (porque de ese modo quedaría limitado), pero al ser tan cambiante, original, libre, etc., tampoco él o ella encuentra una identificación posible… Es decir, finalmente, ¡Nadie sabe quién es en verdad! La razón profunda de esto se encuentra en este eje, el eje de la identidad y la resonancia creativa, invitándonos a meditar sobre si somos o no somos capaces de encontrarnos verdaderamente con lxs demás, desde la total libertad y creatividad de expresar aquello que somos, tan nuestro y tan singular, pero que, a su vez, surge del contacto con otres. El Sol en tránsito por el signo de Leo nos pone en contacto con la necesidad de reafirmar nuestra identidad, nuestra autonomía, qué queremos y necesitamos para sentirnos felices y darnos a otrxs desde el corazón. La Luna en acuario nos muestra cómo huimos a esa entrega -encuentro- profunda por no quedar presos de una imagen, sea que ésta venga desde el afuera o desde el propio psiquismo, ya que evidencia y saca a la luz la propia rigidez y el propio prejuicio, así como el miedo a la pérdida de la propia libertad.

Este mes se suma a la reflexión el eclipse parcial de luna que se estará llevando a cabo hoy 7 de agosto a las 15:22 hs CABA a los 15º de acuario…

Siempre que pensamos en un eclipse tenemos que pensar en que una función psicológica, en este caso el Sol, está ocultando de manera total o parcial a otra, en este caso la Luna. Como a todo suceso podemos encontrarle el lado negativo y el lado positivo… En verdad a mí me gusta pensar los eclipses como si estuviésemos “reseteando” o “reiniciando” una computadora. Es decir, aquello que está iluminado por el Sol o por la Luna se apaga por un instante, dejando un vacío psíquico que permite o bien que aparezcan nuevas imágenes o bien que pongamos el ojo o al acento en aquello que “ahora falta”. Tradicionalmente los eclipses están asociados a momentos de crisis que ponen el énfasis en algún lugar de nuestro ser que necesita cierto “ajuste”. Como en este caso el que oculta es el Sol y lo que es ocultado es la Luna, podemos suponer que es una doble oportunidad para poner la conciencia a trabajar sobre quiénes somos y qué queremos para nosotres, más allá de  las imágenes, estereotipos o prejuicios que puedan existir. Esto siempre es bueno, pero hay que tener en cuenta que la contracara de un excesivo énfasis en lo leonino-solar (su lado “oscuro”) es el del extremo individualismo, la sensación de extrema omnipotencia del ego y el desinterés por lxs demás.

Recetas

Dos recetas de budines sin harina de trigo ni azúcar.

Una manera rápida y sencilla de reemplazar la harina de trigo es hacerlo con harina de avena o de coco. La verdad es que, a pesar de que parecen ingredientes difíciles de conseguir o lo suficientemente caros como para no tener ganas de probarlos, estas dos harinas son sumamente sencillas de hacer en casa. Lo único que tienen que hacer es moler los copos de avena o el coco rallado en un molinillo de café, o molinillo de mixer, o procesadora, hasta que queden bien finos. ¿Eso es todo? Sí, eso es todo. También pueden combinarlas como yo hice en una de las recetas que les voy a pasar a continuación. Otra forma de reemplazar la harina de trigo es con harina de lino, que se hace de la misma manera que las dos anteriores y es altamente nutritiva.

Las recetas que les propongo son un budín de café, banana y nuez, y otro de coco, jengibre y mandarina. Sin embargo, ambas recetas pueden ser un modelo de base para que uds jueguen y hagan las combinaciones que más les gustan.

Budín de coco, jengibre y mandarina:

70 grs. de harina de avena

70 grs. de harina de coco

2 ctas de polvo para hornear

4 ctas de stevia líquida (puede reemplazarse por ½ taza de miel)

2 huevos

25 cc de aceite de girasol o coco

25 cc de jugo de mandarina

Ralladura de 1 mandarina

1 cta de jengibre fresco rallado (o seco en su defecto)

Mezclar los huevos con la stevia, el aceite, el jugo y las ralladuras. Por último unir los secos junto con el polvo de hornear. Poner en una budinera pequeña (yo usé las de cartón que se compran en las papeleras) aceitada, espolvorear con coco rallado por encima y llevar a horno medio o 180º por media hora o hasta que al pinchar con un palito este salga seco.

Budín de café, banana y nueces:

140 grs de harina de avena

2 ctas de polvo para hornear

4 ctas de stevia (o media taza de miel)

2 huevos

25 cc de aceite de girasol o de coco

25 cc de café bien fuerte (yo hice un café poderoso y lo dejé reducir. También se puede usar instantáneo)

Esencia de vainilla c/n

1/2 banana en trocitos

50 grs de nueces picadas

Mezclar los huevos con la stevia, el aceite, la esencia y el café. Unir los secos y por último los trocitos de banana y nueces. Poner en una budinera pequeña (yo usé las de cartón que se compran en las papeleras) aceitada, decorar por encima por encima (opcional) y llevar a horno medio o 180º por media hora o hasta que al pinchar con un palito este salga seco.

 

Astrología

La Luna llena del mes de Julio.

El plenilunio del mes de Julio nos empuja a trabajar sobre el eje Cáncer-Capricornio, el eje del tiempo, la forma, el límite y la protección. No les voy a mentir, este eje me cuesta. Seguramente, mi resistencia hacia estas energías tiene que ver con las propias. Las distancias, así como los puntos en común, que existen entre Cáncer y Capricornio me parecen tan obvios que no sabría por dónde empezar. Así que voy a apelar a la energía presente, voy a ser metódica y no voy a innovar en lo absoluto. Comenzaré describiendo la energía de Cáncer y luego la de Capricornio (si este post les resulta bastante más aburrido que los anteriores, significa que voy por buen camino. Jajá).

Cáncer es el cuarto signo zodiacal y, como su número indica, es el signo en donde nace la forma. Entendamos la forma como una estructurada cerrada, la cual a la vez que contiene algo en su interior también excluye, dejando afuera aquel eterno movimiento que observamos en el signo anterior (Géminis). Como es un signo de agua, esta protección hacia el adentro es de carácter emocional, afectivo. Excluye para proteger, para dar estabilidad emocional y permitir que en su interior se desenvuelva un proceso vinculado al desarrollo de algo nuevo. Y no algo nuevo producto de la multiplicidad combinatoria, sino algo nuevo producto del crecimiento de una combinación estable, que irá poco a poco conformando una identidad única y diferenciada, hasta llegar a ser un individuo en el signo siguiente (Leo). Las representaciones arquetípicas más comunes de este signo son la casa, la familia, la madre. Aquí la simbiosis, la pertenencia y la historia familiar, como la tradición, son lo que da identidad al psiquismo, porque estos son los elementos que le proporcionan al sujeto lo que vitalmente necesita para ser. En este sentido, Cáncer, además, remite al momento de la infancia y al momento de la maternidad -aunque no me gusta definir a Cáncer sólo como el signo de “lo madre” vinculado únicamente a la mujer, sino a la función arquetípica de lo materno. De igual modo, no me gusta definir a Capricornio como el signo de “lo padre” vinculado solamente al hombre-. La familia, el clan, la tribu, el barrio, la patria, incluso la pertenencia a una determinada institución como un club de fútbol, son todas formas que contienen desde la pertenencia, generando una interioridad estable que otorga identidad y excluyendo todo aquello que no pertenece por ser diferente. Por esta razón es que es muy común ver personas de Cáncer muy sensibles, cálidas, amables y protectoras en ambientes donde el afecto y los sueños compartidos abundan, y muy frías, distantes, cerradas y a veces hasta agresivas, en ambientes extraños y desconocidos.

Capricornio, en la vereda de enfrente a Cáncer, tiene que ver con la ley, la estructura, el sostén y autosostén, con la autoridad y la experiencia puesta al servicio de un logro/meta. Aquí se llega a la perfección de esa forma que se creó en Cáncer. Ese ser que de allí nació, creció, se desarrolló y se convirtió en un sujeto social capaz de sostenerse y de sostener a otrxs. Capricornio es energía de esencia. Aquí la forma llegó a lo más esencial de sí misma, a su propia ley. En este sentido, Capricornio es energía de Ley, de las leyes que sostienen la realidad en que vivimos y, por eso, su deseo está directamente asociado a lo concreto de los hechos (no olvidemos que es un signo de tierra). Para Capricornio deseo es igual a Ley. Psicológicamente, las personas nacidas bajo este signo comprenden rápidamente la existencia de leyes y modelos, formas de hacer las cosas que llegan a condicionar fuertemente su deseo. La capacidad de poner su deseo en el tiempo y lograr que sea realidad dará a estas personas una gran fuerza de voluntad, una implacabilidad, así como un superyó muy rígido. Dependiendo del tipo de autoridad que desarrolle es el tipo de capricornio que se manifestará luego. Y si bien son personas que tienden a dar la sensación de ser muy individualistas (mi deseo puesto en el mundo), psicológicamente son extremadamente sociales, en el sentido de la sociedad y sus normas hecha individuo. Hace lo que tiene que hacer y no lo que quiere, y posee un fuerte sentido del deber ser. Obviamente, las imágenes arquetípicas que le corresponden son las de padre, autoridad y estado.

Muy bien. Ahora, veamos un poco los puntos en común de estas dos energías. Dijimos al comienzo que este eje refería al del tiempo, la forma, el límite y la protección. En Cáncer el tiempo está vinculado al pasado: yo construyo una identidad a partir de la memoria de aquello que me contuvo y me nutrió emocionalmente. La historia familiar, el apellido, las anécdotas compartidas, los sueños compartidos, la tradición, etc. El pasado es lo que estructura mi identidad y mi presente. Desde Capricornio, mi identidad está puesta en la realización de un propósito. Es decir, de plasmar un deseo (que seguro responde a una ley del pasado) en el futuro, sosteniéndolo en el tiempo, planificando y proyectando la meta. En Cáncer doy forma al pasado y en Capricornio doy forma al futuro. En el caso de la forma es bastante obvio. En Cáncer la forma nace para proteger algo en su interior, excluyendo todo lo que crea “peligroso” para la gestación y el crecimiento de un ser. En Capricornio, esa forma llegó a la máxima perfección, al máximo de su potencial y desarrollo, excluyendo todo lo que resulte innecesario. La energía se cristaliza a tal punto que se vuelve muy estable, capaz de sostener y sostenerse. El límite en ambos casos es una consecuencia inevitable de la forma. Una forma, como dijimos antes, excluye y ahí es donde el límite aparece. En Cáncer, el límite es desde el adentro hacia el afuera, en Capricornio desde el afuera (es decir desde una Ley preexistente) hacia el adentro. Por último, podemos pensar en qué sentido tiene este límite y éste es el de proteger. La madre, el padre, la familia, el clan, las instituciones el estado son todas formas destinadas a proteger individuos, sólo que unxs lo hacen desde el afecto y otros desde la aplicación de leyes y normas que sostienen y ordenan la realidad.

La meditación de este mes nos lleva a tocar algo de nuestra identidad que proviene del pasado y que condiciona nuestra proyección futura. Quizás, nos interroga sobre nuestras metas, sobre los mandatos familiares y sociales con los que construimos nuestro presente y nuestro futuro. Sobre sincerarnos acerca de nuestra necesidad de afecto, cariño y contención, de permitirnos ser vulnerables, versus la voz de la propia autoridad interna que nos dice que tenemos que ser capaces de sostenernos por nosotros mismos y de adaptarnos a la realidad del presente, por más dura y fría que resulte. Indagar en aquellos lugares donde nos sentimos más temerosos para encontrar allí las claves que nos lleven a comprender por qué nos aferramos, a veces tan fuertemente, a ciertas normas o patrones rígidos y cristalizados, cargando sobre nuestras espaldas el peso de un deber ser que no nos corresponde y que, paradójicamente, se sostiene desde la extrema vulnerabilidad.

Astrología

Luna llena del mes de Junio.

La Luna llena de junio llegó y, con ella, la posibilidad de explorar un nuevo eje de polaridades zodiacales. Durante el mes de marzo tuvimos la posibilidad de explorar el eje de los lenguajes sagrados, en el mes de abril, con la Luna llena en Libra, el eje del deseo, y en el mes de mayo, el eje correspondiente a los procesos vitales. Hoy, con la Luna llena en el signo de Sagitario y el Sol transitando por el signo de Géminis, nos toca indagar en el eje del aprendizaje, o de los procesos de aprendizaje.

Como saben aquellxs que ya han leído mis post anteriores, me gusta empezar haciendo una pequeña referencia sobre cada una de las energías que conforman el eje en cuestión. Empecemos por el signo de Géminis. Géminis es un signo de aire, vinculado a lo mental, y es el tercer signo del zodíaco. En él se revela que todo aquello que es, que todo proceso creativo, se produce a partir del encuentro de, por lo menos, dos elementos. Si Aries es espíritu-deseo y Tauro es materia-substancia orgánica, Géminis da cuenta de que ambos son dos caras de la misma moneda. Uno no puede ser sin el otro. La vida, el universo manifiesto, para Géminis, es vínculo. Sin ese vínculo no hay posibilidad de creación. Por eso su función es la de conectar diferentes elementos de la realidad, elementos aparentemente aislados y antagónicos, con el propósito de que nuevas combinaciones surjan. Esas combinaciones, a su vez, se unirán a otras dando como resultado un número infinito e incalculable de posibilidades. Como verán, Géminis no excluye absolutamente nada, se interesa por todo, todo es relevante porque todo puede abrir nuevas posibilidades. Su esencia es el movimiento. Curiosidad, relatividad, dispersión, versatilidad, necesidad de constante experimentación, son algunas de las características típicas de todo geminianx. El juego, la comunicación, la palabra, el conocimiento, la información y el aprendizaje son todos elementos que le pertenecen, porque es a través de ellos que conecta, que experimenta. Es un signo que muchas veces se lo juzga de superficial y esto es posible, pero hay que tener en cuenta que, en realidad, Géminis no tiene la función de profundizar, sino que es lo inmensamente abierto. En un nivel inmaduro, quizás, Géminis puede irse demasiado “por las ramas” abriendo, abriendo y abriendo, sin dirección alguna que proporcione un sentido a toda esa experimentación.

Por suerte, su signo opuesto, Sagitario, puede brindarle una síntesis que sea capaz incluir toda esa información en un saber determinado. A diferencia del movimiento geminiano de arborización, Sagitario es movimiento direccionado; es la flecha. En él toda la experiencia acumulada hasta ese momento particular del zodíaco adquiere un orden en sentido vertical, es decir un orden de jerarquías, que da sentido a una determinada experiencia, o a una determinada existencia. Sagitario transforma información en saber, conocimiento en sabiduría, a través de su capacidad de síntesis. En él se toca un nivel de la realidad en donde las cosas cobran una coherencia y un sentido muy fuertes. Aquí se tiene certeza y fe a una verdad. Es por ello que los ideales, las convicciones, la abundancia y la confianza son típicas características de este signo. El/la maestrx-guía es una figura típicamente sagitariana porque es quien ha llegado a una verdad, a una síntesis, a un saber y tiene la necesidad de transmitírselo al resto. Su parte oscura, aparece cuando la persona de sagitario se aferra demasiado a una única verdad, sin poder reconocer otra síntesis posible, y es allí donde aparecen los dogmatismos, fanatismos, y todo tipo de “ísmos” en general.

Ahora bien, ¿quiénes son entonces lxs verdaderxs maestrxs si no son los que se aferran a una verdad cuando la han encontrado? Quizás aquellos que habiendo encontrado una verdad la utilizan como punto de partida para una nueva fase de experimentación. Es decir, el/la verdaderx maestrx nunca deja de aprender, nunca deja de abrirse a nueva información para seguir creando nuevas y más inclusivas verdades. Es decir que, siendo Sagitario, sigue siendo Géminis a la vez. En este punto es donde vemos circular la energía libre y fluida de un polo al otro. El aprendizaje es esto: experimentación, recolección de información, conectar saberes, realizar una síntesis de lo cosechado, que incluya y de sentido a la búsqueda y, por último, que esa síntesis haga de puente para que la misma persona u otras la utilicen como nuevo punto de partida hacia una nueva fase de exploración. Cuando la energía se trunca en alguno de los dos polos algo en el aprendizaje falla: si se detiene en Géminis, seguramente la persona adquiera muchísima información pero no sepa ni cómo utilizarla ni para qué; si se detiene en Sagitario, la persona quedará fascinada frente a una única verdad sin poder incorporar ni incluir otros aspectos de la realidad que, seguramente, terminarán por ser excluidos.

La meditación, entonces, para esta Luna llena de junio es precisamente ésta: ¿hasta qué punto no damos por sentado ciertas verdades a las cuales nos aferramos de manera más o menos consciente porque, de algún modo, nos aportan cierta seguridad, sin atrevernos si quiera a ponerlas a prueba a través de la propia experiencia? El tránsito del Sol por el signo de Géminis de este mes nos invita a que exploremos, que nos abramos a nuevas experiencias, a nueva información. A enriquecernos dispersándonos, aunque eso nos parezca una “pérdida de tiempo”. A que nos vinculemos con otrxs, a que nos permitamos el juego y pongamos en duda todo aquello que nos parece “obvio”. La Luna llena en Sagitario ilumina aquellas zonas profundas en donde no nos permitimos atravesar libremente esta zona del zodíaco… ¡Ya llegará el turno de Sagitario y podremos darle sentido a nuestra curiosidad! Ahora, animémonos a dejar por un rato la dirección que teníamos hasta el momento, para volver a ella más adelante, con más ganas y mayor conocimiento.

 

Astrología

Luna llena del mes de Mayo.

La luna llena de este mes nos presenta la posibilidad de trabajar el eje Tauro-Escorpio. Este es el eje de la “vida” en su más amplio sentido, es decir, de la vida incluyendo la muerte. Pero antes de comenzar con el análisis puntual de estas energías, me gustaría compartirles unos extractos de un libro que estoy leyendo en este mismo momento, y que viene mucho al caso del tema que hoy nos convoca. El libro se llama “Psiquis y muerte” y su autor Edgar Herzog. Éste dice más o menos así:

<<En Ceram, una de las islas Molucas, existe hasta el día de hoy el profundo relato mitológico de la muerte de Hainuvele. En él se describe cómo la doncella divina de Hainuvele, nacida de un árbol, se presentó a los hombres de antes y, con su maravillosa riqueza infinitamente renovada, los colmó de exquisitos dones. Al comienzo, este exceso de regalos maravilló a los hombres, pero pronto acabó por infundirles miedo, como si perturbara el equilibrio de su vida. Un día, las nueve familias de los hombres celebraron la gran danza del maro, en la que durante nueve noches se bailaba cada vez una nónuple espiral. En medio de la espiral estaba sentada siempre Mulua Hainuvele, obsequiando a los bailarines. Pero, después de la octava danza, decidieron secretamente que matarían a la doncella. Cavaron una fosa, y, en la novena noche, empujaron dentro de ella a la doncella divina, y luego -mientras bailaban- apisonaron la tierra que la cubría. A la mañana siguiente, su padre la buscó y la desenterró; cortó su cuerpo en pedazos y enterró éstos distribuidos en el lugar de la danza. Pero los pedazos del cuerpo de la muchacha se convirtieron en objetos que a la sazón no existían aún en la tierra, sobre todo en tubérculos, los cuales a partir de entonces constituyeron el principal alimento de los hombres.

Sólo los brazos de Hainuvele quedaron sin enterrar; el padre se los llevó a Mulua Satene, una doncella divina que por entonces todavía gobernaba a los hombres.

Mulua Satene se enojó con ellos porque habían matado. Por ello construyó un gran arco en el lugar de la danza; un arco compuesto por una nónuple espiral igual a la que habían formado los bailarines en la danza del maro. Una vez construido el arco, Mulua Satene reunió a todos los hombres enfrente de él, y quedándose ella del otro lado, de pie sobre un tronco de bananero, le dijo: “Ha llegado el momento en que voy a dejaros, pero antes debéis atravesar el arco y venir hacia mí. Quien pase por el arco seguirá siendo hombre. En cambio, aquellos que no lo hicieran se convertirían en animales o en demonios del bosque.” Así se originaron los cerdos, los ciervos, los pájaros y los peces, y los numerosos demonios…

Mulua Satene sostenía un brazo de Hainuvele en cada mano, y con ellos tocaba a cada uno de los hombres que se le acercaban, atravesando el arco. Desde entonces, los hombres deben morir y emprender un penoso viaje de ultratumba si desean volver a ver a Mulua Satene. Y, según informa un mito complementario, desde entonces los hombres se casan. Es decir, que desde que “existe” la muerte también existen la procreación y el nacimiento entre los hombres. >>

<<Este mito (continúa relatando el autor) contiene una interpretación cuádruple de la muerte y de su relación con la vida humana. Es como si el hombre no soportara la infinita riqueza que le brinda la vida, lo que viene a ser una culpa, que con el primer asesinato hace entrar la muerte en el mundo. Pero de esta manera, y al mismo tiempo, surge ante el hombre una de las condiciones de la vida: la sustancia muerta se transforma en alimento, y el alimento vuelve a convertirse en vida dentro del hombre. Es como una noción naciente, un barrunto de que la vida humana misma es sinónimo de transformación.

La siguiente revelación cobra singular peso en boca de la divina Mulua Satene: sólo aquel que esté dispuesto a atravesar el arco de la muerte y a dejarse tocar por ella, seguirá siendo hombre, o se convertirá en hombre, en el nuevo y verdadero sentido de esta palabra. El hombre puede y debe enfrentar a la muerte “sabiendo”; eso es lo que lo diferencia de los animales. De este saber, al fin, surge un nuevo aspecto de la existencia, pues sólo con él empieza a aclararse el otro límite de la vida: su comienzo, el nacimiento. El comienzo y el final hacen que la vida parezca envuelta en algo misterioso, que quizás sea lo mismo, aunque muestre dos caras distintas a la vida: la de la muerte, que espanta y asusta, y la del nacimiento, que es amable dádiva. >>

“la sustancia muerta se transforma en alimento, y el alimento vuelve a convertirse en vida dentro del hombre.” Pareciera ser que nada más tendría que agregar para explicar de qué trata esta luna llena de hoy. ¡Este mito realmente transmite la esencia de la vibración contenida en Tauro-Escorpio!

Tauro representa la sustancia vital, la materia, la acumulación, la naturaleza, la vida, el placer sensual, la conservación. Escorpio, su opuesto, la muerte, la destrucción, el dolor, la transformación, lo oscuro, la intensidad y la liberación. En ellos se esconde el misterio de todo proceso vital, de todo proceso creativo. Para crear hay que materializar y para crear formas nuevas hay que destruir otras viejas. No hay vida sin muerte. No hay placer sin dolor. Mientras Tauro se ocupa de la sustancia que puede ser experimentada a través de nuestros sentidos, Escorpio representa todas aquellas cosas que están más allá de lo que ellos pueden percibir: lo oculto, lo inconsciente, lo negado y temido (por estar fuera de nuestro control).

Ambos comparten, sin embargo, un fuerte vínculo con la sexualidad y con el poder. En Tauro la sexualidad es parte del proceso en que la materia genera vida, crea, (además, por supuesto, del disfrute corporal y sensual); en Escorpio como liberación y posterior fusión de energía con otrxs. En relación al poder, Tauro acumula materia y Escorpio, por su parte, libera la potencia  que encierra la materia en forma de energía. ¿Pero si Escorpio es liberación y transformación por qué se comporta de manera controladora y retentiva? Bueno, psicológicamente la cosa no es tan fácil. Escorpio como vibración que representa lo oculto y negado de la vida es una energía muy difícil de metabolizar por nuestro psiquismo. Donde está Escorpio hay muerte y hay dolor, y frente a ese abismo la personalidad se polariza, entonces acumula, retiene, controla y absorbe todo aquello que siente se le va de las manos.

Al retener Escorpio esa energía que necesita ser liberada, entonces Tauro no puede crear. La circulación se estanca, la vida se estanca, nuestra capacidad para materializar se estanca. Y ello no sólo se aplica a este eje, sino a cualquier que estemos trabajando. Eso es justamente lo que se pone a la luz cada mes durante la Luna llena: cuando ésta se ilumina, ilumina aquellas zonas oscuras de nuestro psiquismo que deben ser liberadas para que la energía contenida en un eje circule. En el caso de la Luna llena en Escorpio la pregunta que deberíamos hacernos para liberar el flujo energético que va de Tauro a Escorpio es ¿Cuáles son aquellas cosas que no podemos soltar o que nos causan terror y no permiten que podamos materializar nuestras necesidades, sueños y anhelos? ¿Qué aspectos de uno mismo debemos dejar morir, transformar, para poder crear nuevas y más vitales formas? Y por qué no también preguntarnos si es que en nuestras profundidades, en nuestra oscuridad, no está la fuente de toda potencialidad latente.

Astrología

TAURO: UNA MIRADA DEL SUR.

En otro artículo que compartí en este blog, ya había planteado el problema que hoy nos ocupa a algunos astrólogxs inquietos (en los cuales me incluyo), respecto el problema de resignificar algunos conceptos astrológicos tradicionales desde una mirada local, es decir, desde una mirada correspondiente al Hemisferios Sur. La Astrología, lejos de ser una especie de “psicología mejorada”, es una ciencia esotérica que ha sabido informar al hombre acerca de los ciclos celestes con sus correspondientes cualidades. Es por eso que no podemos apartarnos de las condiciones externas (naturales) de cada región en particular, las cuales, además, han influido de manera innegable en el desarrollo de las culturas locales, sus creencias, mitos y tecnologías adecuadas a las necesidades de cada región. De igual manera, dichas características influyen en nuestra captación e interpretación ligadas a una determinada vibración.

Considerando esto, Aries para el Hemisferio Norte coincide con el comienzo de la primavera: todo florece, la vida se expresa. Los hombres y mujeres salen del encierro invernal hacia el encuentro con otrxs y hacia el disfrute de los espacios abiertos y en contacto con la naturaleza. El fuego de Aries se expresa cuando el Sol comienza progresivamente a aumentar sus horas de exposición -es decir, cuando el día comienza a durar más que la noche-. El deseo ariano, y sus necesidades de independencia y diferenciación, están directamente relacionados a un momento de extroversión e irradiación hacia el mundo externo. Diferente es en el Hemisferio Sur, donde por el contrario el Sol comienza a declinar y las horas de luz son cada vez menos. Las temperaturas bajan y progresivamente los hombres y mujeres que habitamos estas tierras nos dedicamos a las tareas de puertas adentro. En este caso, el deseo ariano está relacionado con un momento de introversión hacia el mundo interno. Comenzar hacia “afuera” en el Norte y comenzar hacia “adentro” en el Sur. Inevitablemente lo mismo sucederá con la vivencia que tengamos de la próxima vibración, es decir, la manera en que experimentemos el signo de Tauro.

Tauro es un signo de femenino, de tierra y su regente es Venus. Está asociado a la materia y a su poder para generar vida y brindar recursos de todo tipo (minerales, por ejemplo). Se lo asocia con el alimento, tanto con su valor nutritivo como sensual. Nos habla de la sensualidad de la materia, del disfrute de lo corporal y de su cuidado (sobre todo nutricional). Nos habla de materializar, de generar recursos de todo tipo, aunque lo más común es asociar estos recursos al dinero y a los bienes materiales. Como segundo signo del zodíaco nos lleva ahora a conectar con los tiempos orgánicos que se corresponden con la materia y ya no con los del deseo. Tauro llama a la contemplación a la reflexión, no así a la acción. Aunque estas características correspondan a su vibración más allá del lugar de la Tierra en el que nos encontremos, no podemos aislarlo del concepto que tengamos respecto el resto de las energías del mandala. Entonces, si nacimos en el Hemisferio Norte y Aries representa pura exteriorización del deseo y de la fuerza, Tauro no representará lo mismo que para alguien que haya nacido en el Hemisferio Sur y la energía de Aries combine deseo con introspección. En el primero de los casos, podemos suponer que Tauro esté más relacionado con el disfrute de la naturaleza en su máxima expresión; los aromas de la primavera, sus colores y de la máxima productividad de la tierra, sin necesidad de tanto trabajo. Incluso el cuerpo de los hombres y las mujeres está libre de tanta ropa, ¡mostrando sus atributos y su sensualidad! En el segundo caso, en cambio, Tauro se desarrolla en plena época de siembra, tanto literal como metafóricamente hablando. Para nosotros, quizás, este signo se relaciona más con el trabajo y no con sus frutos. El disfrute por la materia está vinculado a las comodidades y a los bienes que podamos proveernos para asegurarnos un cálido invierno en casa: un sillón, una manta calentita, un lugar bello y acogedor y unas cuantas buenas recetas para comer algo rico mientras leemos, miramos una peli o escuchamos música. El dinero y la obtención de recursos, en te sentido, quizás cobre mayor importancia; en el Norte, Tauro llega cuando los tiempos que se avecinan son de abundancia, en el Sur, en cambio, llega cuando los momentos que se avecinan son de escasez. Y es justamente esta reflexión la que me hace acordar a una pregunta que me hicieron alguna vez sobre si consideraba correcta la regencia de Venus para el singo de Tauro, y yo creo que sí.

Muchas veces asociamos al planeta Venus con cualidades ligadas a belleza, seducción, provocación, atracción del deseo del objeto deseado o no -refiriéndose esto último a  una cualidad que también se le atribuye a Venus como es la histeria-. Y es cierto, todas estas características se corresponden con dicho planeta, pero es sólo una parte, parte que le corresponde más por ser regente, además, del séptimo signo zodiacal: Libra. Sin embargo, no debemos olvidarnos, psiquismos del Hemisferio Sur, que, aunque nos cueste asociar el trabajo a ciertas cualidades venusinas, no por ello la materia no actúa según su Ley. Pensemos en aquellas épocas, hace miles y miles de años, donde los hombres debían literalmente “seducir” a las manadas de búfalos con disfraces y danzas, con el motivo de conducirlos lentamente hacia los precipicios para, una vez caídos y muertos, poder alimentarse con sus cuerpos. Pensemos en aquellas épocas en donde sólo la mujer participaba del misterio de la vida, la muerte y, por sobre todo, la regeneración. Sus cuerpos eran adorados porque gracias a ellos los hombres nacían, porque gracias a ellos la continuidad de la vida se afirmaba en cada nacimiento. En esos tiempos (y en algunas tribus todavía hoy se mantiene) los ritos y danzas que realizaban las mujeres aseguraban la caza y la obtención de comida. La mujer descubrió la agricultura y el arte del trabajo con la tierra. Y yendo aún más hacia lo profundo y esotérico, ¿Acaso no es una cualidad intrínseca de la materia (naturaleza) la de seducir y atraer al objeto fecundante?

Aries representa el deseo y el principio vital masculino, que busca emerger de fuente (Piscis) como entidad diferenciada. Tauro es el principio femenino de la materia, que guarda el conocimiento (Sabiduría) y los elementos necesarios (cuerpo) para que la vida pueda florecer. Marte (regente de Aries) y Venus (regente de Tauro), hombre y mujer, Espíritu y Materia. ¿Qué sería de nuestros deseos sin la capacidad para materializarlos? ¿Qué sería de la materia sin el principio vida que de ella depende?